dimecres, de juliol 07, 2010

L'Espanya possible

Un article senzill, eficaç i clar (i que prové del País Valencià, cosa fantàstica), publicat a El País del dia de sant Joan, em permet besllumar quin pot ser el projecte federal, en un tema tan sensible a la qüestió nacional com és l'ús de la llengua, de les llengües, a Espanya. El signa Ángel López Garcia-Molins, catedràtic de la Universitat de València i diu coses interessantíssimes, començant per estendre l'ús de les llengües a les cambres espanyoles (i demanar als seuse membres que les aprenguin, almenys les romàniques).
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Des d'aquí, l'autor creu que tot passa per considerar 'espanyoles' el conjunt de llengües, i no tan sols la castellana, consideració que troba constutucional, malgrat que en demana algun canvi per fer-ho així plenament. En fi, considerar espanyol allò divers, reconèixer la seva complexitat, i allunyar-se de la interpretació unívoca del que significa la identitat espanyola. Jo ho signo ara mateix. De fet, sempre he pensat que aquesta consideració unívoca en provoca d'altres igualment unívoques: sense anar més lluny el caràcter quasi monolític de l'imaginari català que expressa l'independentisme a casa nostra. Deixem, però, que parli l'autor:

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El problema -o, mejor: la excusa para no cambiar- nace de la Constitución de 1978, la cual distingue entre lengua oficial -el español-, lenguas cooficiales en su comunidad autónoma y otras lenguas. No toda lengua histórica hablada en España es de interés general, otras son regionales, pero las tres lenguas cooficiales sí lo son. Permítanme que les recuerde algunas obviedades. El catalán/valenciano era el idioma mayoritario de la Corona de Aragón, el Estado que dio lugar a España al unirse a Castilla en tiempos de los Reyes Católicos: o sea que si el español es la lengua de España por ser la de uno de los dos reinos fundacionales, el catalán/valenciano debería serlo por la misma razón. El gallego fue el origen del portugués, la lengua del otro Estado peninsular, y constituye el puente natural para garantizar cualquier acercamiento iberista en el futuro. En cuanto al euskera, se ha venido considerando durante siglos como el símbolo de la Península Ibérica por ser la lengua de sus primeros pobladores. Y no me vengan con el cuento de que se trata de lenguas minoritarias: el catalán/valenciano tiene más usuarios que media docena de lenguas oficiales de la UE; ¿cómo quieren que sus hablantes se conformen? Al gallego y al vasco, aunque en menor medida, les sucede otro tanto.
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(...) Lo del Senado debería ser tan sólo el primer paso hacia la convivencia plurilingüe de los españoles, aunque, cuando uno lee objeciones como la de que estando la sede en Madrid, sólo puede usarse el español, le entran ganas de exiliarse o de contestar irónicamente que, si este es el problema, que la pongan en una ciudad bilingüe y todo arreglado (bien mirado, es una idea). Y los siguientes pasos en pos del pluralismo lingüístico, ¿acaso serán una vuelta de tuerca más hacia la disgregación? Pues no, al contrario, son medidas que reforzarían la cohesión de los ciudadanos españoles, actualmente bastante alicaída.
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No estoy propugnando que las cuatro lenguas sean oficiales en toda España: esto tal vez fuera lo justo, pero es inviable y el camino del infierno está sembrado de buenos propósitos. Lo que sí creo que podría lograrse en un par de generaciones es que la presencia del catalán/valenciano y del gallego en los medios de comunicación y de estas dos lenguas junto con el euskera en la enseñanza de toda España se fuera incrementando progresivamente hasta lograr que cuando un político habla en catalán o una escritora es entrevistada en gallego todos los españoles los entiendan sin más, que el euskera vuelva a ser el símbolo de la especificidad peninsular, como reclamaba Astarlos, y que los hispanohablantes de las comunidades bilingües dejen de ser los chivos expiatorios de las culpas del Gobierno central.
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