diumenge, abril 01, 2007

Pregó de Setmana Santa *

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Bon dia, buenos días.
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En primer lugar tengo que expresar mi agradecimiento y mi sorpresa por el honor que me habéis otorgado al dirigirme hoy como pregonero de la Semana Santa de Mataró, al inicio de una de las actividades más bonitas que se pueden encontrar en Mataró: este Festival de Saetas de cada Domingo de Ramos. El agradecimiento lo concreto en la Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Esperanza, en Rafa Acedo, en Jordi y en todas las hermanas y los hermanos que se esfuerzan como nadie para que todo salga bien. Y, por qué no, al conjunto de hermandades y de cofradías que estos días viven al máximo para ofrecernos lo mejor de si mismas.
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I la sorpresa perquè no sóc pas cap expert en Setmanes Santes ni en confraries. M’ho miro amb el respecte del que mai n’ha format part. M’ho miro també, al si de les meves responsabilitats (ja sabeu que sóc regidor de Seguretat Ciutadana), com un acte d’enormes dimensions populars i, per tant, de riscos (ja sabeu que l’any passat vam estrenar un pla de prevenció per les processons que vam treballar conjuntament).
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Se dice pronto: en Mataró está previsto que se movilicen unas 55.000 personas de público y unos 2.700 participantes (costaleros, bandas, nazarenos, penitentes, Armats y señoras con mantilla). Una joya de la ciudad que hay que cuidar.
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També me’l miro com a espectador. Reconec que m’hi vaig incorporar tard; fins fa no massa anys, procurava ser fora per Setmana Santa i fins que no vaig assistir més tard a la processó de Divendres Sant i vaig quedar meravellat. Jo, que vinc de família i tradició cristiana, no tenia, però, experiència de processons: vaig néixer el 1968 i a Mataró poc després se’n van deixar de fer. Per això potser em vaig meravellar, per mi era una cosa nova, radiant, diversa, unitària, que només es viu a Mataró d’aquesta manera... Després ja m’explicaré.
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Pero también me lo miro desde mi condición personal (e intransferible) de cristiano. Cuidado, ya advierto que ni soy muy beato, ni seguramente muy buen católico en muchas cosas (aunque dicen que, en comparación con los protestantes, por ejemplo, los católicos reconocemos siempre nuestra condición de pecadores). Pero ocurre que la condición religiosa de uno, hoy, se esconde tan a menudo que cuando uno no tiene inconveniente en expresarla sucede que parece el más beato de todos. Medio en broma medio en serio, siempre digo que hay que salir del armario con las identidades de cada uno, sean éstas las que ahora salen del armario, ya me entienden, futbolísticas, ideológicas, musicales o, como hoy, de creencias, puesto que guardárselas para adentro es lo peor que se puede hacer.

La procesión va por fuera
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Eso lo dicen los psiquiatras y lo practican los costaleros. Me explico. Ya sabéis que cuando uno se queda las cosas por dentro, cuando la angustia se vive en soledad, cuando no expresamos las emociones... se dice que la procesión va por dentro. Bien, pues en la Semana Santa, almenos, la procesión va por fuera. De una vez por todas, lo sacamos de dentro, lloramos si cabe (qué son las saetas sino un lloro), caminamos unos con otros, llevamos a la vista de todos lo que nos pesa y las plazas y las calles se llenan de lo que llevamos dentro, sin rubor, confiadamente, a flor de piel.

Exactamente ¿qué es lo que sacamos fuera? Bajo mi punto de vista, lo que sacamos es la belleza.

Miren, hay un programa nuevo en televisión que se llama Cambio radical, muy polémico, copiado de Estados Unidos, dónde una persona que se considera fea participa en el programa (no sé cómo porque aún no lo he visto) para que les practiquen un cambio de imagen, con cirugía estética incluída. Es decir, cambio radical es igual a cirugía estética. Parece como si, de pronto, todo aquello que nos puede hacer feliz, o bello, se reduzca a una cuestión quirúrgica.

Desde siempre, ha habido quien ha alertado contra ese confusión. Un libro muy antiguo, judío, del tiempos del rey Salomón, el Libro de los Proverbios, ya dice que "toda belleza es engañosa y toda hermosura es vana" (31, 30). Shakespeare, en una de sus obras más terribles, hace oir a Macbeth que "lo bello es vil" y que "lo vil es bello". De hecho, a veces los malos son lo más atractivo de las películas, donde detrás de una belleza escultural a veces se descubre la fatalidad.

Creo que en las procesiones de Semana Santa se ve muy claramente que hay otra belleza. No prescinde de la imagen, sino todo lo contrario. Las personas, a fin de cuentas, sólo sabemos explicar lo más importante a través de imágenes, de narraciones, de metáforas. Así, es la única manera cómo el ser humano ha podido salir de si mismo para verse. Los relatos, la Pasión de Cristo entre ellos, son como un espejo de lo que nos ocurre y de lo que ocurre en el mundo dónde vivimos. De modo que en las procesiones, centenares o miles de personas, se disponen a contarnos una historia, a través de esculturas, ropajes, música y cante, una historia que resume lo más importante que nos sucede. Y esto hay que sacarlo fuera.

A lo que nos sucede le hemos puesto paso. O advocación mariana. La soledad, la compasión, el desvanecimiento, la pasión, la esperanza, la tensa espera de lo que parece que nunca llega, el desconsuelo y el consuelo, el sufrimiento, el silencio arrancado al ruído de cada día, el no saber qué hacer. Eso, que son cosas que nos pasan a todos (no sólo a mi, sino a todos), que son cosas muy de la Tierra, en Semana Santa se ve que también son cosas del Cielo. O, digámoslo al revés, que las cosas del Cielo se juegan en la Tierra. Y hay que ponerse manos a la obra.

Decíamos que las procesiones son también exhibición de belleza. Una belleza extraña. Una belleza casi de feos. Una belleza que no encontramos en las revistas, que no se exhibe como el cuerpo de Samuel Eto'o o de Paris Hilton, sinó como un Cristo que sufre o una Virgen que llora. Una belleza como la nuestra. Y que, ante este sufrimiento, ante los males sin consuelo, propone la esperanza absoluta, un cambio radical sin cirugía y que empieza en el corazón. En ese corazón herido por una flecha y del que surge una bella saeta como las de hoy.

La ciudad libre
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La recuperación de las procesiones de Semana Santa en Mataró, a mi juicio, debe entenderse como un redescubrimiento de los sentimientos que estaban dentro de la gente. Ya lo he dicho antes: es bueno expresar lo que sentimos y no quedárselo para si mismo.
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También creo que debe entenderse como una enorme oportunidad. Mirad: a menudo, las imágenes y las creencias enfrentan a las personas. En Mataró, las unen. Mirad el Viernes Santo, en cuya procesión se unen antiguas figuras de esta ciudad con advocaciones venidas de otros lugares de España, especialmente de Andalucía, en perfecta armonía. Las raíces de cada uno se han puesto al servicio del futuro. Esa oportunidad no termina ahí. También lo es de hacer más entrañables los lazos de las personas, que se esfuerzan para conseguir un objetivo común que uno a uno no podrían conseguir. Y también hay una oportunidad magnífica para transimir la esperanza, ese cambio radical, ese paso llamado Pascua, a través de los elementos iconográficos que, como ya os he dicho, me parecen el vehículo más interesante para hacerlo.
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Si treiem als carrers de la ciutat el que portem a dins, si ho fem rememorant la història que ens ho apropa al Cel (és a dir: a allò que importa de veritat, a la felicitat que tots tenim dret), si compartim amb moltes altres persones un acte íntim (que no pas clandestí), si ens posem a fer-ho nosaltres, aquesta vegada sense intermediaris, estem fent un acte de llibertat; estem fent que la llibertat corri pels carrers i les places de Mataró.
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Ho fem, participant-hi directament o d'espectador, sense que ningú ens pregunti sobre la nostra fe, o sobre el grau de la nostra fe. Mireu: les millors misses catòliques les va fer un músic que era protestant: Johann Sebastian Bach; el millor retaule modern fet en una catedral l'ha fet un agnòstic, Miquel Barceló, a Mallorca. Així volem la ciutat: no ens preguntem més d'on venim, comencem a preguntar-nos on anem i encaminem-nos-hi. La processó va per fora.
* Llegit avui a la Matinal de Saetas a la Plaça Onze de Setembre de Mataró; he respectat la llengua original en cada paràgraf.
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