::Así que, ya ven, el buen político de antes tuvo que soportar durante su vida activa el mismo clima de sospecha permanente y prácticamente las mismas acusaciones que los de ahora, y recibió muchas puñaladas por parte de algunos de los que ahora alaban su figura y su talla.
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La tendencia a sentir la política como una cosa ajena se debe, en mi opinión, a una confluencia de factores y tiene mucho que ver con la debilidad histórica del Estado. La tradición antipolítica en España viene de bastante antes del franquismo. La izquierda tuvo a sus anarquistas mientras que los sectores inmovilistas de la derecha han cultivado esa ignorancia hacia lo político, a sabiendas de que a menos debate más voto clientelar y cautivo. Y lo siguen haciendo.
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Y es que en ese concepto, el de ciudadanía responsable, reside la otra clave del asunto: el votante tiene que estar informado, conocer la letra pequeña del pacto social, saber quiénes mueven los hilos de los grupos de presión, para así poder exigir a sus políticos que cumplan su parte del acuerdo.
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Y para los que mitifican el pasado, quiero recordar que en la Transición se pasó mal, muy mal, que cada día nos jugábamos el ser o no ser y que gente como mi padre empezó a somatizar los males del país como si fueran propios.
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La política se mueve forzosamente en una gama de grises: nunca puede ser cuestión de blancos o negros. La descalificación frontal del sistema acaba fortaleciendo soluciones mesiánicas, Berlusconis de todo pelaje que pescan en río revuelto y destruyen el sistema desde dentro.