dimecres, d’abril 18, 2012

Vargas Llosa, la religió, la cultura, el sexe i la política

Sobre la religió


La cultura ha estado siempre muy cerca, a veces confundida, con la religión o la espiritualidad. (...). La gente necesita creer que esta vida no es la única, vivir una vida con sentido, y eso explica la perennidad de la religión, que sobrevive a todos los avances de la ciencia, que se creía que acabaría con el sentimiento mágico y religioso, pero no ha sido así.

(...) El elemento ético tiene que estar en el centro del sistema. Y, nos guste o no, para la mayoría la ética es un elemento esencial de la religión. Todos los grandes pensadores liberales, prácticamente sin excepción, han sido gente que tenía una fe o estaban convencidos de que la vida espiritual debía tener una presencia constante en el seno de la sociedad, porque de lo contrario la sociedad se corrompe, se degrada.

Sobre la cultura

Fue una idea ingenua creer que la cultura podía llegar a todos de la misma manera, eso simplemente no corre, la cultura tiene grados, niveles, no puedes pedir a todos que tengan la misma dedicación y vocación. Se parte de un buen sentimiento, pero la única manera de que la cultura llegue a todos es empobreciéndola. Se impuso la idea de que la noción de élite es antidemocrática, pero no han desaparecido las élites, sino la cultura. (...) En el campo de la pintura, la victoria de los farsantes es total, las artes plásticas son juego y farsa y nada más, con la complicidad de críticos papanatas que confieren estatuto de artista a los que, como mucho, son ilusionistas. (...) se da a lo inculto, a lo chabacano, la misma dignidad que a lo culto.

(...) George Steiner ya habló de eso. El discurso, hablado o escrito, ha sido siempre la columna vertebral de la conciencia. Pero las nuevas generaciones crecen en un mundo donde la palabra está subordinada a la imagen.

Sobre el sexe

La desanimalización del sexo tiene que ver con la cultura; al intervenir esta, el sexo se refina y se vuelve obra de arte, se enriquece con unas imágenes y una mise en scène en la que participan apasionadamente los amantes. El sexo así entendido implica amor e imaginación, y ahora, con su desacralización, que tiene también aspectos positivos, sobre todo en el equilibrio psicológico, se vulgariza, se convierte en una mera gimnasia. Pero desfogar una necesidad biológica, en vez de liberar al hombre o la mujer de la soledad, pasado el acto fugaz de la cópula, los devuelve a una sensación de fracaso y frustración. Es uno de los aspectos de la vida moderna donde el supuesto progreso es, en realidad, retraso.



(...) El único sexo normal y sano es el de los animales. Freud nos descubrió que en la sexualidad humana no hay normalidad, sólo casos particulares, y que en la actividad sexual irrumpen fantasmas que es mejor no liberar fuera de ella. El sexo no se puede aprender en una clase, es algo que tiene que ver con la experiencia central de la vida de las personas, forma parte de la esfera privada. Un taller de masturbación para niños es olvidar que eso es algo que se aprende en la intimidad. Sacar el sexo a la esfera pública, despojarlo de sus rituales de misterio y teatralidad, es volver a la caverna y convertirlo en algo mediocre. El erotismo implica secreto y clandestinidad, y ha desaparecido del mismo modo que lo ha hecho la alta cultura. En cambio, la pornografía y los valores prostibularios gozan de una cotización al alza.

Sobre la política

En la actualidad, el uso de las drogas no responde a una exploración artística o científica, ni es una rebeldía, sino que obedece a un entorno cultural que propugna los placeres fáciles y rápidos, que inmunicen a la gente contra la responsabilidad y la preocupación.

(...) El cinismo es lo que acaba con la democracia, esa actitud que consiste en aceptar que la corrupción es connatural al sistema. Ese aceptar que los más talentosos no estén en la política, y dejar que se quede como una actividad para mediocres. Si queremos que la política mejore, hay que tratar con todo nuestro empeño que no quede confinada en un grupito de gente gris, de pragmáticos, hay que reintroducir en ella el idealismo.
 

Mario Vargas Llosa entrevistat per Xavi Ayén al Magazine de La Vanguardia, 15.4.2012. Foto. Carlos González Armesto