dimarts, de març 11, 2008

Compte-Sponville

Aquests dies de campanya m'han deixar força coses preparades per explicar-vos, algunes troballes. A veure si mica en mica us les vaig proposant. Una d'elles és una entrevista a André Compte-Sponville a El País Semanal (de Milagros Pérez-Oliva) del passat 24 de febrer. El filòsof francès proposa una mena d'espiritualitat laica com a camí cap a la recerca del sentit, més enllà de la banalitat quotidiana que porta, diu, al nihilisme. L'anava llegint, mica en mica, i en trobava els atributs de la religió, d'una banda, i una recerca de plenitud que si no fóssim en aquests temps n'hauríem dit Déu.
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No. No en direm així. És més, Compte, de qui m'ha agradat el que he anat llegint de tant en tant, creu que aquesta espiritualitat hauria de tenir caràcter universal, al marge de les creences de cadascú, i això em sembla molt cristià, en el sentit originari del terme: ja no hi ha jueus ni pagans... diu sant Pau. També em sembla molt cristià posar l'èmfasi en l'home i no pas en la idea abstracta de Déu (Déu s'ha fet home i ha habitat entre nosaltres, ja proclamava sant Joan com una heretgia), més en l'acció que en la teoria, vaja.
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També m'agrada comprovar com hi ha qui, havent estat tan influït pel Maig del 68 i les seves neures, ha sabut no quedar-s'hi ancorat com tants i tants... també a casa nostra. I seguir sent d'esquerres sense dogmatisme, que és del que es tractava. Però callo i deixem que sigui el que n'he subratllat el que parli per si sol. Disculpeu l'extensió.
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Un nihilista es eso: alguien al que no le interesa nada más que su pequeña trivialidad, sea el sexo, el dinero, el lujo. (...) Combatir a Bin Laden o al Opus Dei con las posiciones de una sociedad como la que describe Houellebecq nos lleva al desastre.
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No se trata de inventar una nueva moral, sino de transmitir la moral que hemos recibido y que se ha ido elaborando a lo largo de milenios.
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Yo cuando leo los evangelios, estoy de acuerdo en lo esencial con sus postulados morales, igual que cuando leo a Platón, Aristóteles, Epicuro o a los estoicos. Lo que sería una pena es que, por el hecho de no creer en Dios, como es mi caso, prescindamos de esa herencia.
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En mi época universitaria se consideraba que la religión era una vieja luna que se había dejado atrás. Cuarenta años después, la vieja luna sigue ahí.
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Para mí el adversario no es la religión. Que la gente crea o no en Dios, a mí no me molesta en absoluto (...). Los adversarios son el fanatismo y el nihilismo. Y es muy importante no equivocarse de adversario, porque si se lucha contra la religión en general, se está metiendo a todos los creyentes en el mismo saco que los fanáticos, que es lo que quieren estos últimos, obviamente.
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Soy (...) un humanista convencido de que, dado que no existe un Dios, la humanidad es lo más preciado que tenemos y hay que preservarla a pesar de sus debilidades.
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En Francia, curiosamente, tenemos la idea de que ser de izquierdas es estar a favor del Estado, y ser de derechas, a favor del mercado. Pero, ¡ojo!, si el mercado favorece a los pobres más que el Estado, ser de izquierdas es estar a favor del mercado.
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(...) La economía de mercado (...) aunque sea fantástica para crear riqueza, nunca ha sido suficiente para crear una civilización, ni siquiera para crear una sociedad que sea humanamente aceptable.
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El camino hacia la felicidad es el camino de la acción, del amor.
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Uno puede estar enamorado, querer a sus amigos, a sus padres, pero creo que el amor más fuerte es el que sentimos por nuestros hijos, el único que es incondicional. Y desde este punto de vista, que Dios sea padre en la tradición cristiana no es una casualidad, aunque en mi opinión, si hubiera sido madre, habría sido aún mejor. Pero no hay nada como el amor por el hijo, y creo que la humanidad debe su supervivencia a cinco mil años de amor maternal.
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Foto: Eric Bouvet
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