diumenge, d’octubre 12, 2008

Visca Espanya

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Avui que és 12 d'octubre i la majoria de gent celebra sense donar-hi excessiva importància (alguns, massa... no poden viure sense l'Espanya unitarista) la festa d'Espanya, ha coincidit amb la lectura que he fet d'un magnífic article del professor i periodista Carles Castro a Claves de Razón Práctica (núm, 186, oct. 2008, pp. 26-32), segons el qual ara -electoralment parlant- és el millor moment per afrontar canvis en la configuració territorial d'Espanya per fer-la més flexible i diversa... i que aquest és el millor camí per rebaixar les expecatives sobiranistes d'alguns dels seus territoris. Vegeu què diu (destaco només algun fragment):
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Lo curioso del caso es que los balances electorales que se desprenden de las experiencias de polarización identitaria con vascos y catalanes son bastante disuasorios. La bandera de la unitormidad como receta (en forma de soberanía monocorde y de más España de matriz castellana) ha ofrecido un saldo electoral esquivo: un récord de voto nacionalista en Euskadi en 2001 -por encima del 41% del censo- y casi 700.000 sufragios para los independentistas de Esquerra Republicana, en 2004 (es decir, cerca de medio millón de papeletas más que en los comicios ameriores). Seguramente, nadie ha cotribuido tanto como Aznar a que la reforma del Estatut formara parte de la agenda política catalana. (...)
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La fórmula es más sencilla de lo que sugieren las resistencias que suscita. Integrar honestamente la diversidad sólo puede significar hacerla propia; es decir, españolizarla en el sentido más amplio de la palabra. No basta con afirmar que Cataluña es España como si se tratara de una propiedad inmobiliaria. Lo que hace falta es proclamar a través de los hechos institucionales y culturales que España es también Cataluña, Euskadi o Galicia. Yeso supone, por ejemplo, considerar de forma inequívoca que los idiomas propios de esos territorios son también idiomas españoles que proteger, ya que cuando se pronuncian palabras en esas lenguas se están expresando también en una lengua española. Y lo mismo cabría decir de los símbolos, incluso hasta hacerlos intercambiables como representación de la españolidad.
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En definitiva, se trataría de aceptar que no hay una única fórmula de ser o sentirse español.
(...) Se trata de enriquecer la identidad española y de darle un contenido incluyente, para hacerla más sólida y tangible en todos los territorios de España.
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(...) Y la respuesta resulta en ocasiones de una sencillez conmovedora: "Cataluña es una nación, si bien una nación española" [cita de Salvador de Madariaga citat aquí].
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(...) Suiza tiene cuatro idiomas nacionales y ni una sola formación separatista relevante.
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(...) Pero se trataría, además, de que la retóríca grandilocuente sobre la unidad indivisible e indisoluble de España no ocultara la falta de seguridad y de confianza que afecta en realidad y de forma crónica a algunos sectores amantes de la soflama patriótica.
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(...) Nadie se lanza alegremente al vértigo de la separación cuando se encuentra cómodo en un marco territorial flexible, respetuoso y acogedor.
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(...) Por supuesto, es legítimo establecer las garantías necesarias para que ninguna identidad se sienta des protegida o acosada. Y también para asegurar el conocimiento de la lengua común. Pero nunca a costa de dividir o separar a los españoles (y mucho menos a y los niños, sean catalanes, gallegos o andaluces) en clanes y tribus. El principio del fin a de un país comienza cuando sus ciudadanos se ven obligados a vivir de espaldas en un mismo territorio. Y eso es lo que ocurre cuando se entra en una pugna de experimentos de ingeniería identitaria. Evitado debe ser el único norte de los verdaderos patriotas. Ellos saben que unir no significa imponer un modelo único sino conciliar racionalmente la diversidad territorial. (...)
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