dijous, de novembre 12, 2009

Els barris de Manuel Cruz

Manuel Cruz escrivia diumenge a La Vanguardia [sencer, aquí] sobre la naturalesa de la desafecció política al mig d'un votant postmodern que veu els partits com a instruments més o menys ocasionals i la política com un món autoreferenciat que no té res a veure amb la seva vida. En aquest context, diu, la que té més a perdre és l'esquerra, i els que menys els nacionalistes. No hi estic del tot d'acord (l'esquerra també apel·la als sentiments comunitaris, no tan sols el nacionalisme...). El que més m'agrada de l'article, de fet, és el títol: la desafecció va per barris. Té tota la raó. Així acaba la seva argumentació:
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¿Por qué me he referido en lo anterior con mayor insistencia a la izquierda? Porque es ella la que todo lo cifra en la política, en la medida en que sólo a través de la política le es dado acercarse al horizonte de transformación que tanto predicaba en otro tiempo o, por lo menos, introducir elementos igualitarios en medio de la flagrante injusticia en la que vivimos. De ahí que la situación actual, en la que la esfera de lo político es percibida como un subsistema propio, específico, pero ya no como el sistema marco desde el que pensar y a través del que intervenir en el conjunto de la sociedad, le perjudique especialmente. La misma razón por la que los sectores conservadores, y muy especialmente los nacionalistas, se mueven en este estado de cosas como pez en el agua. En efecto, en tanto que conservadores comparten con el resto de las fuerzas del mismo signo su preferencia por un Estado que se limite a la tarea, básicamente procedimental, de garantizar marcos y posibilidades para la libre actividad de los individuos. De otro lado, en tanto que nacionalistas, al subrayar una y otra vez los elementos relacionados con los sentimientos comunitarios, presentan su efectiva actividad política como si no fuera tal, sino el cumplimiento de una tarea superior, de un designio histórico más allá de toda ideología. Nada tiene de extraño, por ello, que el mayor de los desprestigios de la política no los afecte, o que la más escandalosa de las orrupciones (en ello estamos) apenas los dañe. Se admiten apuestas.
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