dimecres, octubre 17, 2007

Ens agrada més | Forcades a 'La Contra'

Ens agrada més
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La vida es pegajosa, nos apremia y nos gusta más cuanto más nos duele.
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José Mª Valverde, Poesías reunidas, Ed. Lumen, Barcelona 1990, p. 168.
Foto: Moda Primavera Verano 2005, de Marta a Bdebarna.net.
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Forcades a La Contra
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Avui, a La Vanguardia, a al secció de La Contra, entrevisten a la benedictina catalana Teresa Forcades, de la que ja us he parlat en alguna ocasió en aquest bloc, i que comença dient, en definir-se, que "No se trata de lograr la etiqueta correcta, sino de respetar la identidad única de cada persona". Fa uns dies que en parlàvem, a rel d'algun altre article, sobre la importància de la identitat per definir el subjecte. I aquí introdueix un altre complement: "única per cada persona". Anem bé
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Forcades explica a grans trets el paper de la dona en la fe cristiana i la teologia feminista, tema del qual n'acaba de treure un llibre, i va explicant la diferència de rols psicològics que s'han atorgat als dos sexes quan resumeix "Por eso la mujer, cuanto más infantil, más actúa por miedo a la soledad, y el hombre, cuanto más infantil, más actúa por miedo a la dependencia" i ho exemplifica així

Por ejemplo. La mujer femenina quiere lo que quieren los que ella quiere: si todos quieren ir al mar, no irá a la montaña, aunque a ella le apetecía, porque los quiere a ellos antes que a ella. La mujer aprecia más el vínculo afectivo que su propia autonomía. Y si se ve obligada a elegir, sacrificará su autonomía por este vínculo. (...)

Los hombres se quejan de que las mujeres en una relación de pareja se lo guardan todo en una lista mental y un día se lo sueltan a ellos en una retahíla de agravios y sacrificios: ¿eso es amor? No: es miedo a la soledad. El amor se justifica a sí mismo en cada momento sin esperar ninguna compensación. ¿Hace falta que le hable ahora sobre el miedo del hombre al compromiso y la dependencia? (...)

Ni la feminidad de la mujer es amor ni la masculinidad del hombre es libertad. Yo me inscribo en la tradición de teólogas feministas, que no femeninas, que ha desenmascarado ese discurso patriarcal desde sus inicios.

Ens diu, respecte a la idea de submissió de la dona o dels gais que pretesament sembla que proclami l'Església (per boca d'alguns bisbes desbocats i d'alguns menjacapellans bocamolls), que li sorprèn l'obertura de les monges benetes en aquests temes i que, de fet, "hay decisiones morales que son absolutamente personales" i dels que cadascú sabrà què n'ha de fer. Una obvietat que gairebé és revolucionària. I ressalta de nou el paper clau de la identitat en aquest procés de la seva reinvenció o del seu esclat, quan diu
Para convivir hombres y mujeres, extranjeros y locales, jóvenes y mayores, no se trata de que diluyamos nuestras diferencias en una mediocre sopa común, sino que aprendamos a convivir sin dejar de ser diferentes cada uno con su cultura, lengua, sexo o edad. (...) No debemos ni clonarnos ni hay que tener la etiqueta correcta en cada momento y país, sino que debemos aprender juntos a saber gozarlas todas.
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