dijous, de setembre 18, 2008

Contra la crisi, contra el fonamentalisme

Ahir al matí em despertava am la notícia de les intervencions massives de les reserves dels bancs centrals occidentals al sector financer per evitar estendre més la seva crisi, especialment als Estats Units, i pensava que en moments com aquest els que diuen que l'Estat s'ha d'aprimar, que ha de fer la mínima intervenció, que el mercat ho pot resoldre tot són els mateixos que aplaudiran aquesta intervenció. Home, si haguessin fet bé els deures, probablement les injeccions de fons públic podrien tenir destins més productius, però val la pena veure com cauen els mites del neoliberalisme (el liberalisme clàssic mai ho hauria admès... és antidogmàtic fins i tot amb els seus propis dogmes) quan van mal dades. Ho pensava i em trobo amb un eloqüent article de l'expresident del Govern espanyol, Felipe González, a El País. Diu:
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Es una crisis extraña, incluso para reaccionar con una mínima coherencia. Por el momento ha liquidado la extendida creencia de que el mercado lo arregla todo y solo. Es decir, la teoría dominante desde los años 90 del "todo mercado", con un rechazo fundamentalista a la intervención regulatoria.

También ha mostrado que la globalización del sistema financiero plantea problemas de gobernanza que escapan a la capacidad de los poderes establecidos en el viejo Estado nación y en los organismos internacionales tradicionales.

(...) En Estados Unidos vemos acciones como la nacionalización encubierta de las sociedades que controlaban casi la mitad del mercado hipotecario, con una intervención de 200.000 millones de dólares y las reclamaciones de más intervención porque las quiebras continúan.

Así podríamos seguir poniendo ejemplos de actuaciones al menos dispares para enfrentar la misma crisis. La paradoja es que el comportamiento pragmático, chocando con la ideología neoliberal, se da en la cuna doctrinal de esta teoría, en tanto que en la UE, tan crítica siempre con ese neoliberalismo, hay una renuencia muy fuerte a la intervención para contrarrestar la sintomatología de la crisis. (...)

Subyace a la crisis actual una situación nueva, inducida por dos factores: la evolución de los precios de las materias primas, sobre todo energéticas, que han trasladado masivamente el capital a los países productores y a los que han mostrado capacidad de generar riqueza y ahorro como nuevas potencias emergentes (China o la India). El llamado Occidente desarrollado tiene que pagar en el futuro lo que ha gastado ya, en tanto que las zonas productoras de energía y los grandes emergentes han ahorrado lo que podrán gastar o invertir en ese mismo futuro.

Y en todas partes la fuerte tensión inflacionista es el factor más preocupante.

(...) Si las consecuencias no fueran tan duras, e incluso dramáticas, sería divertido contemplar al sistema triunfante sin saber qué hacer consigo mismo, sin poder compararse a otros como peores y sin poder encontrar culpables. Pero no da la situación para divertirse y hay que actuar.

Primero con el mayor pragmatismo posible y sin pérdida de tiempo, porque las teorías tradicionales no nos ofrecen soluciones a la nueva realidad que aparece fuera de libreto. Esto vale para los Gobiernos europeos y para la propia Unión Europea y su Banco Central, porque es muy peligroso y arriesgado seguir esperando con estos tipos de interés y esta falta de liquidez.

Segundo, intentando buscar un papel para la política con mayúsculas, capaz de hacer más previsible la evolución futura de este mercado global que escapa a los poderes establecidos en la sociedad industrial (...).

Cargada de paradojas y plena de contradicciones la situación en que nos encontramos, pasamos de pedir a los responsables políticos que no interfieran, que no regulen, que dejen libertad a los mercados, a reclamar que arreglen los desaguisados a los que den lugar, incluso cuando la crisis, por sus causas y consecuencias, está más allá de sus competencias y capacidades locales-nacionales.

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Vegeu també aquest article de Raimon Obiols
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