dilluns, de setembre 08, 2008

Palin, la normal

Esta telenovela lo tiene todo: maridos infieles, adolescentes embarazadas, la mujer pobre que se enfrenta y derrota a los caciques de su pequeño pueblo y que decide tener un quinto hijo aun sabiendo que tendrá síndrome de Down. También está la joven blanca de 18 años que se enamora de un atractivo negro africano que pronto la abandona dejándola con un pequeño hijo. A este hijo —uno de los actores principales de la historia— el destino le depara sorpresas inimaginables. El otro personaje principal de la telenovela es el descarriado descendiente de una prestigiosa familia de militares que termina por ir a una remota guerra donde es capturado y salvajemente torturado por el enemigo. El héroe se salva, regresa a la vida civil y deja a su esposa para casarse con la bella heredera de una enorme fortuna. Tienen varios hijos y además deciden adoptar una niña huérfana de Bangladesh. Esto último permite que hasta la madre Teresa de Calcuta haga una breve aparición en la historia (la niña adoptada proviene de su orfanato) (...).
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Éstas no son sino pinceladas de la fantástica trama de la telenovela más exitosa de estos tiempos: las elecciones estadounidenses.
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La lista de situaciones determinantes para el futuro de la humanidad que se verán afectadas por las decisiones del próximo inquilino de la Casa Blanca es larga y causa temor (...). Además, y como reflejo de estos tiempos, muchos de estos problemas son nuevos. Y esto último es en sí mismo un problema: con demasiada frecuencia están pasando cosas nuevas y excepcionales para las cuales el pasado no nos ha preparado. Esta permanente avalancha de situaciones nuevas y difíciles ha creado en todas partes un gran apetito por lo ya conocido, por lo normal. Esto quizá explica el sorprendente entusiasmo que ha suscitado la candidatura de Sarah Palin a la vicepresidencia [pel Partit Republicà]. Según la columnista republicana Peggy Noonan, Palin atrae porque irradia “el poder de lo normal”.
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Moisés Naím, La telenovela más importante del mundo, a El País, 07/09/2008 .
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