dissabte, maig 03, 2008

Habermas i la religió

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El que ve ara és una mica llarg, disculpeu. Però és molt bo. Són fragments d'un article de Reyes Mate (que us podeu descarregar aquí en pdf) aparegut al darrer número de Claves (abril 2008) en el que reflexiona sobre les idees del filòsof alemany Jürgen Habermas sobre el paper públic de la religió, tant des dels seus darrers llibres com a partir dels diàlegs que ha mantingut amb Paolo Flores d'Arcais (recent, en vaig parlar aquí) i, just abans de ser Papa, amb Joseph Ratzinger (a la foto, amb Habermas), del que vaig parlar aquí. El duel filosòfic Habermas-Flores em sembla una bona manera de veure com s'afronta el fenomen religiós (actual) al si de l'esquerra europea, de la que nosaltres, aquí a Catalunya o Espanya, no en som pas exempts de fer-lo. Vaja, callo per facilitar la vostra lectura. I, quan vulgueu, en parlem. Sigueu creients o no, això no hauria d'importar gens.
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El yunque en el que el filósofo alemán transforma el mito en logos es la filosofía del lenguaje. Está convencido de que la construcción de una racionalidad más razonable consiste hoy como ayer en "la linguistización de lo sacro". Las funciones de integración y de explicación del mundo que en tiempos arcaicos desempeñó la religión mediante símbolos, deben ser ejercidas ahora por el lenguaje. Hablamos para darnos a entender y para entendernos; es decir, el lenguaje es comunicación, supone una comunidad de comunicación basada en la racionalidad, en la capacidad de entender al otro y de darnos a entender. Eso significa que si queremos universalizar el entendimiento que el lenguaje simbólico limitaba a los creyentes, la comunidad de fe debe convertirse en una comunidad de comunicación y la ética religiosa, en una ética comunicativa. Lo dice con todas las letras: "no son ni la ciencia, ni el arte los que recogen la herencia de la religión; sólo la moral convertida en ética del discurso, fluidificada comunicativamente, puede en este aspecto sustituir a la autoridad de lo santo".
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(...) Hay espacios de la religión que el lenguaje racional no sabe aún verbalizar. Por eso dice y repite que "mientras que el habla no encuentre mejores palabras", la religión tendrá su sitio en la democracia deliberativa. Lo que se espera entonces de la religión es que verbalice aquellas experiencias que escapan de momento al lenguaje racional. ¿A qué nos estamos refiriendo exactamente?. Habermas habla de dar "sentido a aquello que ha sido malogrado u objeto de desposesión". Está apuntando a experiencias frente a las cuales la filosofía no sabe qué pensar, por ejemplo, aplicar el noble y universal concepto de justicia a las víctimas. Para casos así "la tradición monoteísta... tiene a su disposición un lenguaje que posee un potencial semántico todavía no agotado, que se muestra superior en su poder de abrir al mundo, de formar la identidad...". Mientras ese capital semántico no sea gestionado por la razón, bueno es que lo haga valer la religión.
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(vegeu què en vaig dir diumenge jo mateix aquí)
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"en los textos sagrados y en las tradiciones religiosas", confiesa [Habermas] (...) "se encuentran articuladas intuiciones de pecado y redención, de salida redentora de una vida experimentada como irrecuperable, intuiciones que se han ido verbalizando sutilmente durante milenios y mantenidas vivas gracias a medios hermenéuticos. Por eso en la vida de las comunidades religiosas, en la medida en que logren evitar el dogmatismo y la coerción sobre las conciencia, permanece intacto algo que en otros lugares se ha perdido y que tampoco puede ser reproducido en el solo saber profesional de los expertos: me refiero aquí a las posibilidades de expresión y a sensibilidades suficientemente diferenciadas para hablar de la vida malograda, de las patologías sociales, de los fracasos de los proyectos vitales individuales y de la deformación de los contextos de vida desfigurados".
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Si Habermas osa dar este salto cualitativo es porque estamos ante un nuevo tiempo que él llama "sociedad postsecular" y eso significa lo siguiente: si la sociedad secular estaba caracterizada por la tesis de la emancipación, el desprendimiento o alejamiento respecto a la religión, la sociedad postsecular tiene que completar esa tesis con esta otra, a saber, que esa misma sociedad secularizada es una secularización del cristianismo y del judaísmo. (...) La conciencia postsecular debe reconocer que la conciencia pública está compuesta de tradiciones laicas y religiosas que se fecundan y transforman mutuamente.
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Para estar a la altura de los nuevos tiempos la religión y la razón ilustrada tienen que hacer un aprendizaje. Las religiones han (...) tenido que reconocer la secularización del saber, la neutralidad del Estado y la generalización de la libertad religiosa. El creyente de un Estado democrático sabe que las exigencias que tiene como miembro de una comunidad religiosa no coinciden exactamente con las que tiene como ciudadano. También el ciudadano laico tiene que hacer su aprendizaje y reconocer que valores tan suyos como la igualdad o la justicia, aunque estén basados en principios racionales, "deben poder insertarse en los respectivos contextos de fundamentación ortodoxos"; es decir, la justicia será políticamente más exigente si hay ciudadanos que la viven como virtud cardinal. (...) Por eso "los ciudadanos secularizados no deben negarles a las imágenes religiosas del mundo un potencial de verdad, ni deben cuestionarles a los conciudadanos creyentes el derecho a hacer aportaciones en el lenguaje religioso a las aportaciones públicas" [diu Habermas] (...). Si el laicista quiere que el creyente valore racionalmente sus puntos de vista, deberá reconocer al interlocutor que "no es totalmente irracional" en los suyos.
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Hay que reconocer que el sujeto político contemporáneo se encuentra ante lo que Habermas llama "deficit motivacional". Se siente más cliente que ciudadano, más consumidor de bienes que protagonista de proyectos políticos, de ahí la duda sobre si encuentra en la cultura política que le habita razones para defender valores que trascienden su propio interés.
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A la vista de la política que se trae entre manos de la Iglesia católica, está justificada la pregunta de si tienen sentido discursos como éstos que buscan un sentido político de la religión al margen de la Realpolitik eclesiástica. ¿Qué pintan Habermas o Metz al lado de obispos mosqueteros, como Rouco, Cañizares o García–Gascó, listos para disparar sobre cualquier movimiento que vaya en esa dirección?. Siempre se puede responder con lo que decía Alfonso Comín, comunista y cristiano, de sí mismo: "pertenezco a una Iglesia que ha quemado a santos, y a un Partido que ha fusilado a héroes". Grandes instituciones, como el cristianismo o el marxismo, están surcadas por una pluralidad de tradiciones. Las que dominan políticamente no son necesariamente las que más razón tienen. Lo que importa es de dónde, en situaciones críticas, salen recursos para sacar adelante una razón, una política o una ética a la altura de los problemas que tenemos.
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