diumenge, de juliol 05, 2009

Més projecte, menys melangia

A rel de les recents eleccions europees, i a causa del pèssim resultat de la socialdemocràcia europea (en què, curiosament, Catalunya destaca a l'inrevés), hi ha dues reflexions publicades a El País que us en vull fer cinc cèntims. Una, del 10 de juny, del periodista francès Jean-Marie Colombani (el dia 10 de juny), i l'altra del filòsof espanyol Daniel Innerarity (del 28 de juny).
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L'exdirector de Le Monde, comença defensatnt que Felipe González sigui el primer president d'Europa (em temo que, més que persones-líders -que sí- falta també projecte europeu...) ja que "Angela Merkel, que quiere colocar en ese cargo a alguien sin peso, para que los Gobiernos continúen haciendo sus cocinitas en lugar de pasar a otra etapa". I continua explicant què creu de la derrota de l'esquerra als comicis: "en una crisis que ha puesto en marcha todas las recetas de la socialdemocracia y ha vencido a ésta. Lo sucedido es muy preocupante para la izquierda. Se ha recurrido al Estado como salvador tras una crisis acarreada por la política neoliberal, lo que debería de haber implicado un giro, que no se ha producido, de la opinión pública hacia la socialdemocracia".
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Per últim, Colombani troba lògica l'abstenció que hi ha hagut. "En cada uno de nuestros países, los partidos se han empeñado en claves locales y eso no moviliza. Otro de los grandes motivos de la abstención es la frustración ante la falta de una gestión europea de la crisis. La opinión pública ha visto una acción dinámica y en bloque para apoyar a la banca pero frente al desempleo se han encontrado con la suma inconexa de gestiones nacionales. Esto genera distanciamiento. La abstención, por tanto, es reflejo del descontento generado."
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Innerarity, per la seva banda, creu que l'esquerra es troba afectada per la crisi de la política i , aquesta, de la manca de projectes en forma d'idees clares. Sense oblidar que 'no tan sols d'idees viu l'esquerra', i que el risc del platonisme porta a fugir de la societat que vol transformar, crec que és una bona diagnosi. Us transcric els fragments més interessants. perdoneu que sigui llarg.
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La diferencia [amb la dreta] radicaría en que la izquierda, en la medida en que espera mucho de la política, también tiene un mayor potencial de decepción. Por eso el vicio de la izquierda es la melancolía, mientras que el de la derecha es el cinismo.
Esto explicaría sus distintos modos de aprendizaje, lo que probablemente responde a dos modos psicológicos de gestionar la decepción. La izquierda aprende en ciclos largos, en los que una decepción le hunde durante un espacio de tiempo prolongado y no consigue recuperarse si no es a través de una cierta revisión doctrinal; la derecha tiene más incorporada la flexibilidad y es menos doctrinaria, más ecléctica, incorporando con mayor agilidad elementos de otras tradiciones políticas.
Por eso la izquierda sólo puede ganar si hay un clima en el que las ideas jueguen un papel importante y hay un alto nivel de exigencias que se dirijan a la política. Cuando estas cosas faltan, cuando no hay ideas en general y las aspiraciones de la ciudadanía en relación con la política son planas, la derecha es la preferida por los votantes.
Lo que la izquierda debería hacer es luchar, a todos los niveles (frente al imperialismo del sistema financiero, contra los expertos que achican el espacio de lo que es democráticamente decidible, contra la frivolidad mediática...) para recuperar la centralidad de la política.
Para la izquierda, que el espacio público tenga calidad democrática es un asunto crucial, en el que se juega su propia supervivencia.
La idea de que la izquierda está por lo general menos movilizada se ha convertido en un tópico que a veces revela una concepción mecánica y paternalista (cuando no militar) de la política. Hay quien entiende la movilización como una especie de hooliganización, como si la ciudadanía fuera una hinchada, y, llegado el momento, propone suministrar la dosis oportuna de miedo o ilusión para que la clientela se comporte debidamente. Este automatismo no es la solución sino el síntoma del verdadero problema de una izquierda que se está acostumbrando a chapotear en una ciudadanía de baja intensidad.

Lo que la gente necesita no son impulsos mecánicos sino ideas que le ayuden a comprender el mundo en el que vive y proyectos en los que valga la pena comprometerse. Y la actual socialdemocracia europea no tiene ni ideas ni proyectos (o los tiene en una medida claramente insuficiente).
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Fotos: Daniel Mordzinski i Fund. César Manrique.
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