diumenge, de març 04, 2007

Savater i creure

(Miquel Àngel, La creació de l'home, a la Capella Sixtina (1471-1484); Ciutat del Vaticà.
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El País d'avui reprodueix el pròleg del darrer llibre de Fernando Savater, La vida eterna (Ed. Ariel, Barcelona, 2007). L'autor, des de l'agnosticisme si no directament des de l'ateïsme, pretén donar la seva visió de les raons segons les quals "persones intel·ligents" diuen que creuen, no tant els que utlitzen les imatges religioses com a metàfora, sinó els que directament formulen creences transcendents. El pròleg, lluny de ser un pamflet anti-religiós o d'apologia atea, dóna algunes pistes interessants d'un que, sense creure, s'acosta amb les úniques llums de la raó un fenomen que, de fet, no és pas aquesta la clau de la seva experiència. Potser només tenim el recurs de creure en allò que la raó mai no ens donarà prou raons... En fi, de cara a la recerca dels espais comuns que tan encertadament demanava la Teresa Forcades, us cito aquí alguns fragments que m'han interessat:
[Els postmoderns creuen que] tan anticuado es tratar de verificar los contenidos de la creencia como pretender intransigentemente refutarlos... Una cosa es creer en la electircidad o la energía nuclear, y otra muy distinta, creer en la Virgen María.
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Si no me equivoco, la mayoría de los creyentes religiosos no consideran su fe como una forma poética o metafórica de dar cuenta de sus emociones ante el misterioso universo y ante la vida (lo que podría ser aceptado por cualquier persona intelectualmente sensible), sino como explicaciones efectivas y eficaces de lo que somos y de lo que podemos esperar.
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De modo que debemos aceptar la creencia en Dios y el más allá de otros aunque no la compartamos, y hay que tomarla en serio no como un residuo del pasado, sino como algo estable y fiable que llega desde nuestros orígenes culturales (sea cual fuere nuestra cultura) hasta hoy mismo.
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Maximo Cacciari (...) en una entrevista periodística, aun reconociendo que no es creyente (...) afirma que la figura que más detesta es la del ateo, porque vive como si no hubiera Dios: "Lo detesto porque creo que en este ejercicio mental yo no puedo dejar de pensar en lo último, en la cosa última, que el creyente y nuestra tradición metafísica, filosófica, teológica ha llamado Dios. Es lo que decía Heidegger: 'Ateo es el que no piensa'. El que hace algo y punto, termina su tarea sin interrogarse sobre lo último. Pueden ser muy inteligentes, pero pensar es, a fin de cuentas, pensar en lo último". (Entrevista publicada por EL PAÍS, 30 de octubre de 2005).
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