divendres, de juliol 06, 2007

Schmitt: canviar la por per amor

schmitt odette
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Ahir al migdia vaig llegir La Vanguardia. En acabar, a "La Contra", impagable secció del rotatiu barceloní, un escriptor i dramaturg a qui admiro (que he llegit més que vist, tot s'ha de dir) diu unes coses magnífiques, veritats com un temple. Per la tarda, un amic amb qui compartim reflexions semblants em recomana que me'l llegeixi. Poc més tard, en Jaume n'escriu una frase, la més contundent, la més veritable, la més enfrontada a l'optimisme pseudo-rosseaunià que omple tant i tant la nostra cultura (alguns diran des del maig del 68... jo crec que des del 'somni de la raó' il·lustrada...) i diu: "El mal ja és aquí, i el bé està per fer".
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Éric-Emmanuel Schmitt, a la seva entrevista a Ima Sanchís, cau una mica en aquest tòpic quan diu que "imaginar es enriquecer la realidad". Segurament. Però també hem imaginat el pitjor, i sort que sovint ens limitem a experimentar-ho en la literatura, el cinema o la PlayStation. Però l'entrevista hi toca, va directament al moll de l'os. El bé no és 'espontani' i el mal hi és sempre (per més que ens estimem, que ens declarem, que ens confiem, que ens aïllem...). I el bé no és l'ideal, o no tan sols (ho és només en el pla diem-ne teòric) sinó que és en la contingència. "Encarnat" diuen els catòlics. En fi, vegem-ne alguns fragments.
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(sobre el seu darrer film): Ella ha entendido lo esencial de él a través de sus libros. Él acabará admirando la capacidad de ella de producir alegría, emoción, que es la capacidad de imaginar que la vida es mejor de lo que parece. (...) Ella canta y baila cuando está sola, y cuando se emociona, vuela. Los dos son personas estropeadas por la vida que enriquecen su existencia mediante la imaginación (...).
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(sobre la felicitat): Durante mucho tiempo estuve buscándola porque tenía una idea equivocada de ella, pensaba que la felicidad consistía en no tener penas, no estar enfermo, no perder a seres queridos. (...) Viví todo lo contrario: estuve enfermo y perdí a la gente que más amaba. Me di cuenta de que estos aspectos negativos nunca desaparecían de mi vida y me dije que tenía que ser feliz con todo esto, que quizá la felicidad consistía en aceptar la parte dolorosa de la vida. Y lo he conseguido.
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- ¿Cómo?
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- Prefiriendo la intensidad a la serenidad. Es decir, que vivo plenamente los acontecimientos que tengo que vivir. Incluso la tristeza que pueda sentir la entiendo como una fase del amor, un acto de amor intenso.
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- Hay mucho desamor.
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- Hay sobre todo miedo, y creo que lo que aportan las religiones, los mitos y la literatura es la idea de que se podría sustituir el miedo por el amor; es una utopía, pero es una utopía útil porque el amor no vive si no se le hace vivir, el amor necesita de eterna reanimación, depende de nosotros mismos. (...)
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Hay que luchar contra uno mismo y contra los demás para evitar la tontería, la simplificación, el egoísmo, el rechazo a los demás; es una tarea ardua. No hay nada más fácil que convertirse en un fascista porque eso está en el interior de cada uno de nosotros, es una de nuestras posibilidades.
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- La maldad es más fácil que la bondad.
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- El mal ya esta aquí y el bien está por hacer, será nuestro mérito. Nuestras vidas son difíciles, están llenas de dolor y siempre acaban mal, como las historias de amor, pero yo escribo para superarlo, para no quedarme en el diagnóstico e intentar desarrollar las capacidades que nos hacen amar la vida.
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- Una noche se perdió en el desierto y tuvo una revelación.
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- Me inundó una confianza extrema, la certeza de que todo tiene sentido y de que debía admitir lo incomprensible. Una sensación que todos tenemos en la niñez: para el niño el mundo es misterioso, pero confía. La fe es volver a encontrar ese sentimiento.
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