divendres, de febrer 16, 2007

Exemple vs. idolatria

nom David Beckham.
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Aquesta disjuntiva la va plantejar amb molt d'encert Rafael Argullol dimarts passat a un article a El País, que reflexiona millor que jo sobre el que n'he dit la crisi de referents que, a parer meu, distingeix un dels trets de la cultura actual. Ho fa a partir d'una enquesta publicada al regne Unit sobre "a qui t'agradaria assemblar-te" i, enlloc de personatges heroics, enlloc de premiar la valentia i la donació, els joves semblesn apostar pels ídols com Bekham. Jo, pensant encara amb "qui vulgui salvar la vida la perdrà", destaco dos fragments d'aquest recomanable article:
Una de las ventajas de la idolatría es que promete paraísos sin demasiado trabajo de la razón, paraísos fulgurantes que pueden ser habitados con prontitud. Aparentemente, además, son paraísos poco costosos para la conciencia: basta con no poner el listón muy alto en las expectativas espirituales del ser humano y enseguida surgirá la rentabilidad del grito bien calculado, de la propaganda afilada, del gesto abrumador. (...)
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Para que alguien como el capitán Scott -o el carácter que representa- pudiera volver a ser un "ejemplo para varias generaciones de jóvenes" habría que educar de nuevo en el difícil arte de perder. De perder para ganar.
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Puede que nadie se esté tomando la molestia de enseñar este arte que en lo esencial consiste en construir una existencia propia -un amor propio- sin vivir idolátricamente por cuenta ajena. Y que, por consiguiente, vale la pena batallar, y perder, y volver a batallar, para llegar más lejos en la victoria más hermosa que es la que uno consigue en la carrera que tiene establecida consigo mismo.
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Claro que si aún tuviéramos memoria de este arte en lugar de pasarnos el tiempo hablando de los Beckham hablaríamos un poco de los Scott. Quien pierde gana: nuestros jóvenes, gracias a nuestras enseñanzas, no tienen ni idea de este valioso principio.
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